Día internacional del teatro – World Theatre Day

Algunas palabras sobre el teatro…

La cultura occidental, nosotros en esa categoría, lleva un camino recorrido con más de dos mil años de historia: mítica, mística y física. Imposible negarlo. Esquilo (quizá el más feroz de los dramaturgos clásicos), Sófocles, Eurípides, los estudiados por Aristóteles, fundamentaron las bases del drama escrito y de la representación para la escena. Desde la modernidad en la que vivimos, pasando por los dramas medievales, hasta llegar a los míticos William Shakespeare, George Büchner, Heiner Müller; además de los conservadores norteamericanos como Eugene O’neil y Arthur Miller, y las generaciones de dramaturgos alemanes del momento, el problema del drama no ha cambiado. Los bacanales, no fueron sino la respuesta que se dio a un rito desordenado, donde se plasmó sobre algún suelto terregoso una historia que rigiera lo inmediato y mediato del mundo, de la naturaleza humana. Las máscaras sobre la escena, aunado a ese juego de representar y presentar, ambos conceptos regidos por uno mismo, dieron como resultado lógico y permisible la teatralidad. Las representaciones medievales, sólo presentaban a los personajes y nada más; eran una suerte de cuenta cuentos que no vestían la piel de un personaje, sino que sobre el tablado el “actor” construía una ficción, o mejor dicho, simplemente comentaba una situación. Muchas de las teorías teatrales que rechazan la tradición, comenten el error de considerar los dramas clásicos como normas establecidas e inmutables y que no rompían con la linealidad de la acción. Recordemos que, cuando los isabelinos ponían sobre la escena sus actos, lo importante no eran las teorías actorales ni sus diversas modificaciones, ellos presentaban situaciones gracias a las cuales se detenían a criticar lo que fuera, acompañados por la participación del público. Es decir, ese diálogo tan aplaudido en estos tiempos. El rompimiento de Büchner, vino a revolucionar algunas tendencias en la escritura para la escena pero no su totalidad. La falta de acotaciones, eran más griegas que isabelinas (Shakespeare ni siquiera acotaba) y la representación inmediata más de Esquilo que de Büchner. Por supuesto, trajo a la vida una estructura renovada en contexto y contenido (contexto histórico hegeliano), más no dio con el hilo negro de la dramaturgia moderna; simplemente abrió, como muchos hoy, un camino donde el espectador-actor-director, dieran con ciertas rutas que enriquecieran el drama: como en Roberto Zucco de Koltés, La noche árabe de Shimmelpfenning, La Misión de Müller, Siberia de Olguín o El divino pastor Góngora de Chabaud, entre otros. Las estructuras no se renuevan, el ritornello, persiste desde los griegos y desde los egipcios, donde los mitos simplemente se socorren y dan pautas como mencionan Enzo Cormann y Botho Strauss: la originalidad no es sino una parte muy personal de la expresión y de la naturaleza. En ese sentido, los autores, no renuevan las formas por necesidad obligada, sino por naturaleza personal, en todo caso de especie y de raza, de pueblo. La nacionalidad más allá de la ficción, es simplemente una hechura de especie, una ficción en sí misma, una fábula que rara vez se traiciona: lo humano sobre lo humano, tan negado. El pensamiento posmoderno es el resultado lógico de la historia del pensamiento, lo mismo que la posdramaticidad es el resultado de la lógica estética del teatro. Ahora bien, comprenderlo es complejo. Desgraciadamente, así como la posmodernidad, la posdramaticidad llega tarde a un país como éste donde la desesperación, más que la necesidad arrebató el sentido crítico del pensar. Botho Strauss habló en 1965 de la posdramaticidad de una manera poco alentadora, y no con ese nombre, pero el hecho estaba ahí, a la vista; criticó montajes del Living Theatre y de otros como ideas extrañas y derivadas del performance. Aristóteles, el gran apestado de la actualidad, se mantiene firme, sin duda contra sus detractores que se nombran a sí mismos como buenos hermeneutas teatrales. ¿Pero qué es un pensador teatral? Ionesco, Brook, Grotowsky, Kott y Strauss, Korman, Banu, Belbel, Sinisterra, son pensadores teatrales para quienes las modas o los neologismos no tuvieron o han tenido lugar. Lo que perdura de su maestría es la capacidad hermenéutica y no otra cosa, en eso estuvo depositado su experimentación y no en excesos metafísicos; ahora bien, tomemos en cuenta que, herederos todos de Aristóteles, somos por ende metafísicos, la sagacidad de estos pensadores estuvo en optimizar su meditación sobre la escena, de manera empírica y en muchos casos determinista, para luego recrear sistemas que dieron grandes obras como El espacio vacío de Peter Brook o Shakespeare nuestro contemporáneo de Jan Kott, y aún el generoso Shakespeare, la invención de lo humano de Harold Bloom, todos éstos en los extremos de la dirección, la dramaturgia y el pensamiento crítico.

Tantas ideas, tantos vacíos, pocos fundamentos, demasiadas palabras, éstas también.

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Ver performance de Iluminaciones de Alonso Barrera aquí…

Otras escenas de Iluminaciones aquí…