Shakespeare el inmortal…

 By JEREMY McCARTER

Published: April 26, 2010

Shakespeare is not only peculiar in himself, but the cause of peculiarity in others. The surviving traces of his life, which the Shakespearean scholar Stephen Greenblatt describes as “abundant but thin,” depict a man whose parts aren’t entirely in sync: a provincial who grew wealthy but sued for paltry sums, a literary genius who seems never to have written a letter — or owned a book. But the alternate histories offered by people who reject Shakespeare’s authorship are far stranger, abounding in secret ciphers, baroque conspiracies and readings of the plays as fantastical as what’s in them. Barring the discovery of a ­doorstop-size autobiography or the invention of a time machine, we’ll never get a really satisfying explanation of how “Hamlet” and “Henry V” and all the rest were written, only varying degrees of ­improbability.

Five years ago, James Shapiro wrote “A Year in the Life of William Shakespeare: 1599,” a meticulous study that rendered a slice of the standard history less implausible. Now, in “Contested Will,” he addresses the authorship question itself. His refreshing method is to zoom all the way out, taking an interest “not in what people think — which has been stated again and again in unambiguous terms — so much as why they think it.” Working its way back to the earliest doubters, Shapiro’s book offers both history and historiography, a mix that yields insights even for those who don’t know their “Othello” from their “Pericles.”

Shapiro, a professor of English and comparative literature at Columbia University, uses the fight over Shakespeare’s identity to show how our views of the past are shaped by the contingencies of the evidence that reaches us, and how we’re swayed by the changing spiritual weather of our own time. Though dozens of alternate authors have been proposed over the years — four more while he worked on the book, he writes — he concentrates here on what he calls the two “best-­documented and most consequential” candidacies: those of the philosopher and courtier Francis Bacon and Edward de Vere, the 17th Earl of Oxford. The shifts in their reputations over the last 150 years have been sufficiently extreme to think of them as the reverse of Ben Jonson’s famous praise of Shakespeare: they were not for all time, but of an age.

In Shapiro’s account, the mischief of the authorship controversy began with a kind of scholarly original sin. For a new edition of Shakespeare’s writing in 1790, Edmond Malone tried to put the plays in chronological order. He ransacked the texts for any fleeting corollary to Shakespeare’s life and times, an approach that Shapiro equates with having “carelessly left open a fire door.” Once you assume that Shakespeare could write only about things he experienced firsthand, the absence of certain pursuits from his spotty biographical record — falconry and seamanship, for instance — seems to disqualify him as the author.

Two changes in the 19th century brought a mob swarming through that door. New scholarship dared to challenge the sacrosanct authenticity of Homer and the Gospels. Soon afterward, a spate of popular biographies conveyed to a wide audience the scant facts of Shakespeare’s life — largely derived from surviving financial records and legal proceedings — without making clear that it would be strange to see much else survive from the 16th century. Among those bothered by the gap between the extraordinary plays and the rather ordinary life was a brilliant, troubled American, Delia Bacon. She refused to accept that a “stupid, illiterate, third-rate play-actor” could have written works of such “superhuman genius.” Her innovation was to seek the author’s identity in the plays themselves, sketching the “Wanted” poster that skeptics use to this day: a set of qualities that Shapiro distills to “pure motives, good breeding, foreign travel, the best of educations and the scent of the court.” For her, this described the polymorphous genius of the English Ren­aissance: Francis Bacon (no apparent relation to her), who she claimed led a group of politicians-turned-writers who worked jointly on the plays.

To figure out why people bought into this dubious theory, Shapiro uses a technique that could, in the hands of someone less committed to treating all sides fairly, be an instrument of vicious satire: he turns the skeptics’ arguments against them. When he applies to Delia Bacon’s work the kind of close reading that led her to conclude that frustration and lack of prospects forced Francis Bacon to take up his quill, he finds her own frustration and lack of prospects talking. (She had been thwarted in a playwriting career and shamed by a love affair gone wrong; she would spend her final years in an asylum.) Shapiro finds a similar form of self-­revelation in the Baconian advocacy of Mark Twain, who was, after all, a writer with a taste for pseudonymous autobiographical fiction.

Tomado del NYTIMES, para leer más ir a este enlace…

Illustration by Joon Mo Kang

Día internacional del teatro – World Theatre Day

Algunas palabras sobre el teatro…

La cultura occidental, nosotros en esa categoría, lleva un camino recorrido con más de dos mil años de historia: mítica, mística y física. Imposible negarlo. Esquilo (quizá el más feroz de los dramaturgos clásicos), Sófocles, Eurípides, los estudiados por Aristóteles, fundamentaron las bases del drama escrito y de la representación para la escena. Desde la modernidad en la que vivimos, pasando por los dramas medievales, hasta llegar a los míticos William Shakespeare, George Büchner, Heiner Müller; además de los conservadores norteamericanos como Eugene O’neil y Arthur Miller, y las generaciones de dramaturgos alemanes del momento, el problema del drama no ha cambiado. Los bacanales, no fueron sino la respuesta que se dio a un rito desordenado, donde se plasmó sobre algún suelto terregoso una historia que rigiera lo inmediato y mediato del mundo, de la naturaleza humana. Las máscaras sobre la escena, aunado a ese juego de representar y presentar, ambos conceptos regidos por uno mismo, dieron como resultado lógico y permisible la teatralidad. Las representaciones medievales, sólo presentaban a los personajes y nada más; eran una suerte de cuenta cuentos que no vestían la piel de un personaje, sino que sobre el tablado el “actor” construía una ficción, o mejor dicho, simplemente comentaba una situación. Muchas de las teorías teatrales que rechazan la tradición, comenten el error de considerar los dramas clásicos como normas establecidas e inmutables y que no rompían con la linealidad de la acción. Recordemos que, cuando los isabelinos ponían sobre la escena sus actos, lo importante no eran las teorías actorales ni sus diversas modificaciones, ellos presentaban situaciones gracias a las cuales se detenían a criticar lo que fuera, acompañados por la participación del público. Es decir, ese diálogo tan aplaudido en estos tiempos. El rompimiento de Büchner, vino a revolucionar algunas tendencias en la escritura para la escena pero no su totalidad. La falta de acotaciones, eran más griegas que isabelinas (Shakespeare ni siquiera acotaba) y la representación inmediata más de Esquilo que de Büchner. Por supuesto, trajo a la vida una estructura renovada en contexto y contenido (contexto histórico hegeliano), más no dio con el hilo negro de la dramaturgia moderna; simplemente abrió, como muchos hoy, un camino donde el espectador-actor-director, dieran con ciertas rutas que enriquecieran el drama: como en Roberto Zucco de Koltés, La noche árabe de Shimmelpfenning, La Misión de Müller, Siberia de Olguín o El divino pastor Góngora de Chabaud, entre otros. Las estructuras no se renuevan, el ritornello, persiste desde los griegos y desde los egipcios, donde los mitos simplemente se socorren y dan pautas como mencionan Enzo Cormann y Botho Strauss: la originalidad no es sino una parte muy personal de la expresión y de la naturaleza. En ese sentido, los autores, no renuevan las formas por necesidad obligada, sino por naturaleza personal, en todo caso de especie y de raza, de pueblo. La nacionalidad más allá de la ficción, es simplemente una hechura de especie, una ficción en sí misma, una fábula que rara vez se traiciona: lo humano sobre lo humano, tan negado. El pensamiento posmoderno es el resultado lógico de la historia del pensamiento, lo mismo que la posdramaticidad es el resultado de la lógica estética del teatro. Ahora bien, comprenderlo es complejo. Desgraciadamente, así como la posmodernidad, la posdramaticidad llega tarde a un país como éste donde la desesperación, más que la necesidad arrebató el sentido crítico del pensar. Botho Strauss habló en 1965 de la posdramaticidad de una manera poco alentadora, y no con ese nombre, pero el hecho estaba ahí, a la vista; criticó montajes del Living Theatre y de otros como ideas extrañas y derivadas del performance. Aristóteles, el gran apestado de la actualidad, se mantiene firme, sin duda contra sus detractores que se nombran a sí mismos como buenos hermeneutas teatrales. ¿Pero qué es un pensador teatral? Ionesco, Brook, Grotowsky, Kott y Strauss, Korman, Banu, Belbel, Sinisterra, son pensadores teatrales para quienes las modas o los neologismos no tuvieron o han tenido lugar. Lo que perdura de su maestría es la capacidad hermenéutica y no otra cosa, en eso estuvo depositado su experimentación y no en excesos metafísicos; ahora bien, tomemos en cuenta que, herederos todos de Aristóteles, somos por ende metafísicos, la sagacidad de estos pensadores estuvo en optimizar su meditación sobre la escena, de manera empírica y en muchos casos determinista, para luego recrear sistemas que dieron grandes obras como El espacio vacío de Peter Brook o Shakespeare nuestro contemporáneo de Jan Kott, y aún el generoso Shakespeare, la invención de lo humano de Harold Bloom, todos éstos en los extremos de la dirección, la dramaturgia y el pensamiento crítico.

Tantas ideas, tantos vacíos, pocos fundamentos, demasiadas palabras, éstas también.

Para conocer más acerca del día internacional del teatro ir a World Theatre Day…

Para ver más entradas sobre el Día internacional del teatro ir también a http://wtd10.tumblr.com/

Ver performance de Iluminaciones de Alonso Barrera aquí…

Otras escenas de Iluminaciones aquí…