Decir entre el viento

Temporales #1

El rumor de las palabras se pierde con el viento. Las palabras se tornan etéreas. Lo mejor es escribirlo todo, que la letra talle profundo el hueso donde anide la reverberación de las promesas, de los grandes discursos, del amor perdido. Entre palabra y palabra subsisten los sueños. Es una realidad inconclusa, los sueños, deformes, los sueños, salvajes. No se fincan murallas con el polvo suelto de la verdad, esa brizna es tan pobre que no fragua. La verdad es una medida moral imperfecta. Qué obviedad y traición. Intentando huir siempre, por cierto, de la obviedad caemos en su más profundo laberinto. (En el profuso ejercicio de decir la verdad jugamos dentro de los márgenes contemporáneos de la ficción. ¿A qué verdad nos referimos? ¿La cotidiana, la “verdadera”, la lógica por el discurso, la que otros desean escuchar, la funcional, la digital? Funcionamos con verdades a medias, digamos, verdades políticas que tornan todo funcional, y nadie clama, nadie hace una revolución en contra de eso… Es más importante el contexto que la verdad misma… el “contexto”). Hablemos de las verdades [las palabras] de los enamorados [ídolos trágicos], historias cruentas que perduran en el tiempo. Ambas partes recitan su memoria más que propia de los hechos, de aquello que los separó, que los condenó a la miseria funcional. Los amantes se encuentran, confiesan sus verdades y, cuando llegan al punto medio de su desgracia, declaran que vivieron una mentira tan honda y verdadera que es mejor mantener vivo el engaño… Separados, sí… Infelices por siempre, quizá. El tiempo es un perro que carcome con frenesí la carne, a nosotros. La verdad política es sustancialmente poderosa por inexistente. La consumación de lo irreal, de lo ficticio, posee el pleno poder de nombrar a la nada. La máquina política necesita de miles de amantes, de creyentes en tan sólo la promesa [palabra] gentil que nutra el corazón, la pasión; que soporte el llanto del que clama justicia y potencie a las plañideras, el estado, como dolientes. La no verdad es el pilar/pedestal del mártir. Nosotros, todos, amantes del mentiroso. Nosotros, todos, cínicos, pretendiendo jugar a la política. Seres éticos, mierda. ¿Habrá mentido Cristo en la cruz? El llanto mismo que soltamos al mundo cuando nacemos es una forma de la palabra, una forma de la “verdad”; un llanto olvidado que jamás recordaremos ni podríamos imitar. Ese momento fue el más sincero de nuestra existencia, un rumor perdido por siempre, una palabra en otra lengua que todos conocemos y nadie entiende. Porque hablamos al viento habremos de morir… nuestro nombre es polvo una vez dicho, un rumor.

Publicado en Confabulario