Cómplices del realismo mágico en la modernidad: Enrique Redel y Mircea Cărtărescu

A raíz del anuncio hecho por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, todos se preguntan quién es Mircea Cărtărescu, galardonado con el Premio FIL en Lenguas Romances. La respuesta es sencilla para sus lectores: es el creador de un realismo y mágico único, nutrido de fantasía, memorias y creencias, como lo fue en su momento la obra de Gabriel García Márquez o del propio Horario Quiroga. Cărtărescu hace de la realidad un verbo que conjuga con la imaginación, y de la literatura un camino exquisito que bordear para reconocer la existencia desde otro tipo de libertad absoluta a la que no tocaremos porque jamás podremos acoger la vida en el papel de un libro. Para quienes no han descubierto al autor de El Levante, Cărtărescu es un autor en extremo raro del que jamás habían escuchado, del que pronto se convertirán en especialistas; lo mismo ocurrió con Sándor Márai, Milorad Pavic, entre otros en su tiempo.

Luego del anuncio del premio que le será otorgado a Mircea Cărtărescu, tuve la oportunidad de charlar con Enrique Redel, editor y fundador de Impedimenta, casa editorial del autor rumano, acerca de Travesti, una novela gráfica que, mejor dicho, es un diario retomado de las páginas de Lulu, como se tituló la obra de Cărtărescu, publicada hace más de una década en español. La novela que ahora retoma el título original del rumano: (Travesti), es adaptada y reinterpretada por el ilustrador francés Edmond Baudoin, quien da los toques oníricos y hasta anarquistas a los protagonistas de la obra donde abundan las referencias a Rainer Maria Rilke, Franz Kafka, Emil Cioran y, me atrevo a decirlo, a los infiernos de El Bosco.

Enrique Redel es quizá quien mejor conoce a Cărtărescu, a la par de su traductora Marian Ochoa de Eribe, en el mundo de habla hispana. A ellos les debemos la presentación en nuestra lengua de este autor que pronto formará parte de la historia de la literatura en México, gracias a la FIL.

Para el mundo literario pareciera que el realismo mágico es una herencia sólo de Latinoamérica con Gabriel García Márquez como estandarte. Hoy, Mircea Cărtărescu pareciera ser el abanderado de ese estilo poético. ¿Qué nos puedes decir de eso?

Mircea Cărtărescu, que se considera un practicante de lo real maravilloso, siempre ha sostenido, hablando de genealogías literarias, que el realismo mágico es hijo del surrealismo y nieto del Romanticismo alemán. Cortázar llega al realismo mágico bebiendo de los surrealistas y de aquellos que reivindican la fantasía y la soberanía de la imaginación, y cuando sus compatriotas, como García Márquez o Rulfo, lo leen, “adaptan” ese estilo y lo mezclan con la tradición oral de sus países, creando un nuevo movimiento literario que alcanza su cumbre con García Márquez, que permea ese estilo fantástico con historias de dictadores, perdedores y soñadores. Cărtărescu se considera un heredero de esos escritores: de Roa Bastos, de Sabato, de Fuentes, porque ha crecido leyendo Terra Nostra o Pedro Páramo. En este sentido, Cartarescu siempre ha dicho que es un escritor latinoamericano nacido en el corazón de Centroeuropa.

Tuve la oportunidad de leer Travesti, y me parece que, más que una novela o historia llevada a la potencia gráfica, es un tratado del descubrimiento humano. De pronto la obra pareciera romper con el mundo políticamente correcto de nuestro tiempo. ¿Cómo fue el proceso de editar este trabajo con tantos puntos de vista internos?

Travesti es una de las obras claves de Cărtărescu, y quizá su obra más torturada, introspectiva y dolorosa. El autor siempre ha dicho que se trata de la obra que más le costó escribir, porque tuvo que hurgar en la herida de la pérdida de su hermano gemelo Victor, un hermano-espejo, un “antimircea” al que perdió con apenas tres años, cuyo cadáver nunca fue mostrado a los padres y cuyo influjo gobierna buena parte de su trilogía Cegador. En esta obra, además de ello, indaga en el misterio de la sexualidad adolescente (que casi nunca es luminosa, sino atormentada, culpable, sucia). Desde luego, no es una obra correcta políticamente. Pero Cărtărescu nunca escribe “pensando en lector”, sino sólo en él mismo como creador. En alguna ocasión ha dicho que escribiría incluso si no existiera ningún otro lector sobre la Tierra.

Desde hace un par de años, cuando tuve la oportunidad de entrevistarte, Mircea Cărtărescu comenzó a sonar más y más, por lo menos en México, de pronto ocurrió con él como pasó en su momento con Sándor Márai hace más de una década, se volvió un autor de culto que todos decían haber leído sin ser del todo cierto. ¿En dónde está posicionado Cărtărescu como escritor en este momento histórico cuando recibirá de México el premio de lenguas romances?

Todo el que conozca a Cărtărescu entenderá que la consecución del Premio FIL constituye la cumbre de su carrera. Una cosa es que lo premien en Austria, en Serbia, o incluso en su propio país. No obstante, la formación de Cărtărescu como lector bebe de Latinoamérica. Y la FIL de Guadalajara es el magno evento de la literatura en el continente, por lo que México es quizás uno de los lugares en los que Cărtărescu se siente más reconocido. En España es un autor tremendamente conocido, y en las anteriores visitas que hizo a México, los auditorios se han llenado, y las librerías han visto como los lectores tenían que esperar dos horas a que él les firmase un libro. Aun así, para el común de los lectores, se trata aún de un autor “secreto”. Confiamos en que el espaldarazo del Premio FIL pueda servir para darlo a conocer a un público amplio.

¿Qué significa para una editorial contar con un autor como Cărtărescu, que se torna un autor mundial? ¿Qué retos enfrentan, quizá la compra de los derechos del autor por otras grandes transnacionales?

Cărtărescu es, sin duda, uno de los grandes autores vivos, a todos los niveles. Alguien comprable a Kundera, Rushdie o Pynchon. Un autor del que sólo nace uno cada generación, capaz de expandir el terreno de lo “expresable”, como en su momento ocurrió con Kafka o Joyce. Escritores visionarios, geniales, disruptivos, que cualquiera querría tener en su catálogo. Aun así, puede decirse que Cărtărescu, en el ámbito de la literatura traducida al español, ha crecido con Impedimenta. Ya era un escritor reconocido antes de que nosotros lo publicáramos (en ese sentido, la labor de recuperación de títulos antiguos de su producción, como Nostalgia o la trilogía Cegador, ha sido notable), pero desde el principio decidimos adoptar con él una política de autor, de irlo dando a conocer a los lectores de ambas orillas del océano. Creemos que su historia en lengua española está unida a la nuestra, y ambos estamos realmente felices de colaborar. De hecho, tenemos dos libros suyos en preparación, su nueva novela, Theodoros, y su libro de relatos, Melancolía, que aparecerán en breve.

¿Por qué apuesta Impedimenta por el libro ilustrado? ¿Qué posibilidades encuentran en este ejercicio literario y estético? ¿Qué historias pueden contarse en esos formatos que no puedan narrarse en otros?

Antes de ser editor, fui un humilde dibujante amateur. Luego ya me matriculé en la Universidad y aunque quizás el mundo perdió a un artista mediocre, conservó a un gran aficionado al libro ilustrado y al cómic. Se trata de un tipo de libro que publicamos casi por capricho, porque nos fascina, porque sólo publicamos libros que nos enamoran y que intentamos hacer funcionar en el mercado (no siempre con fortuna). Tenemos dos colecciones, una de novela gráfica y otra de literatura infantil, y los autores que incluyen nos encantan: Isabel Greenberg, Catherine Meurisse, Júlia Sardà, David B.…

Me interesa mucho de Impedimenta esta capacidad de asombrar con cada nuevo libro que publica. ¿Cuál es la estrategia, qué recomendaciones o sugerencias podrías brindarles a los jóvenes editores que desean construir catálogos como los que has creado?

Primero, muchas gracias por esa apreciación, que nos halaga. Creo que justamente la explicación está ahí: en la ilusión casi infantil por publicar libros que nos enamoran, que nos fascinan. No podríamos publicar libros que no nos emocionasen. No es un negocio especialmente lucrativo, es muy competitivo y es muy sencillo arruinarse, porque los costes de producción son altos y el mercado muy volátil. Le daría al joven editor el mismo consejo que le daba el admirado escritor José Luis Sampedro a los jóvenes que empezaban: que si pueden, lo dejen. Puede sonar cínico, pero no lo es. Si puedes dejarlo, es que no eres editor. Un editor es perseverante, cree ciegamente en su proyecto, no pone el beneficio económico por encima de la coherencia y belleza de su catálogo, y para ellos el autor es lo principal.

¿En qué momento se encuentra el mercado editorial en España? ¿Sabemos que la visión apocalíptica del mercado virtual quedó en eso y que el libro electrónico es apenas un hermano más del libro en papel? ¿Es rentable?

El momento del mercado editorial español es bueno. De modo bastante paradójico, la pandemia ha despertado el afán lector de la gente, y hemos salido, si no reforzados, sí en cierto modo “purificados”: los libros que tras tantos meses de pantalla y streaming busca la gente son los libros más literarios y genuinos. Así que los editores que apostamos por la calidad hemos visto cómo conectamos mejor con los lectores. En cuanto al libro electrónico, a pesar de que nosotros lo comercializamos, no lo consideramos una línea importante en nuestro proyecto. Al final el libro electrónico no es más que un simulacro de libro. No existe, no es tangible, y finalmente acabará desapareciendo tal como lo conocemos. El libro en papel lo sobrevivirá, porque “llevamos desapareciendo” desde hace siglos. Primero porque llegó el teatro como fenómeno de masas, luego la radio, luego el cine, luego la televisión, luego internet, luego los juegos, luego las redes sociales… Nada ha logrado acabar con el libro en papel, mientras que muchos otros inventos “imbatibles” han ido desapareciendo.

Pienso que un editor es un personaje inclusive más romántico que un escritor, apuestan por alguien que negocia con los sueños y escribe… ¿cuáles son los sueños
de un editor?

Creo que todos en el mundo editorial somos soñadores: escritores, libreros aventureros, editores temerarios, traductores amantes de su trabajo, ilustradores, hasta periodistas que dedican horas y horas a difundir la buena nueva de los libros brillantes que aparecen cada semana. En cuanto a mis sueños, si te soy sincero, uno de ellos era que Cărtărescu ganara el Premio FIL, y ese se ha cumplido. Así que estos días dormimos felices.

Publicada en Confabulario


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