México: al desamparo de los dioses

Partamos de la ficción:

A inicios de la década de 1960 del siglo pasado, en el auge de la Guerra FríaStanley Kubrick presentó su obra Dr. Strangelove, basada en el libro Red Alert del escritor inglés Peter George. Tanto el libro como el filme, cada uno bajo su propia lógica, abordan el desastre nuclear que podría suscitarse por la ineptitud de los gobiernos que confían sus arsenales a individuos que no están exentos de sentimientos redentores. Previo a la salida de Donald Trump de la presidencia de Estados Unidos, se habló hasta el cansancio de la valija nuclear que estaba bajo el control del mandatario, la Guerra Fría tan presente en el siglo XXI.

Al escuchar las reflexiones de los medios especializados en seguridad, me recordaron la obra absurda de Kubrick donde uno de los personajes principales genera un problema de seguridad global, por creer que el agua contenía agentes que debilitaron su virilidad. En Dr. Strangelove una parte del mundo se destruye por la ignorancia de este personaje que decide el futuro de una nación a partir de sus problemas emocionales. Por si fuera poco, este personaje hace de Dios su cómplice y exclama: “Si Dios quiere, prevaleceremos en paz y libres de todo miedo, a través de la pureza y la esencia de nuestros fluidos corporales. Que Dios los bendiga a todos”. Acto seguido se activan los protocolos de destrucción masiva y el resto es historia.

Por supuesto, Estados Unidos no estalló en pedazos y Trump entregó la valija para que quedara bajo el resguardo de Joe Biden. De la lógica del trabajo de Peter George y Stanley Kubrick, me interesa la figura de Dios como responsable de dar vida a una nación y también como concepto que justifica la destrucción de una nación como la estadounidense. Históricamente, Estados Unidos se ha vanagloriado de ser un país bajo un designio divino fundado por migrantes que eliminaron las herencias culturales de los pueblos indios. Dios, como concepto, es palabra y manto que otorga sentido al nacionalismo estadounidense de costa a costa, que tiene en la Biblia un punto de partida cultural como pilar y manual de su pensamiento moral.

La política en su médula, republicana demócrata, coincide en Dios como origen y alimento infalible para el pueblo. Recordemos las guerras estadounidenses, la figura del capellán castrense, que concede indulgencia cabal, elimina la culpa de los asesinatos cometidos por los soldados y hace de Dios el motor ideológico que mueve a los ejércitos. Si el manual de Moisés dice: “no matarás”, el capellán contraargumenta a favor del bienestar y libertad del pueblo que es la patria y es Dios. Es una contradicción divertida. Si, por ejemplo, Dios apoyó el rumbo de Estados Unidos bajo el mandato de Trump, ¿qué Dios apoyó la embestida política de Joe Biden en contra del primero? Dios, como diría José Revueltas, existe dentro del hombre y no fuera de él. Guste o no, la figura de Dios unifica a la cultura de nuestro vecino del norte; no obstante, deberán prepararse para entender mejor el budismo, taoísmo, hinduismo, jainismo y el islam, pues son el futuro de las deidades globalizadas que cambiarán el rumbo del siglo XXI. Se espera que para el 2035 el islam supere al cristianismo en Estados Unidos.

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