Calypso, un fragmento

EL DUEÑO ¿Que cuánto vale mi vida?

VIEJO Sí.

EL DUEÑO No mucho. Lo mismo que la de un pordiosero en la calle. No lo pienso, no importa. Me gusta jugar y beber, ver la cara de mis clientes cuando se vuelven miserables. ¿Quién piensa en morir? Hay días en los que guardo silencio, me veo desnudo frente al espejo, me agarro la verga y la muevo de un lado a otro, no se puede lograr muerte más cruel que ésa, se nos va la vida con ese trozo de carne. Soy un hombre como muchos, me vuelvo un anciano y pierdo el cabello justo como los animales. ¿Sabe quién soy? Qué pregunta tan idiota… Saber quién es uno… PARA QUÉ. Hay hombres que pierden todo intentando averiguarlo somos hombres (miserable nombre) salidos del hediondo agujero de alguna puta. Esa es una verdad. No me preocupa. Alguien (y se lo digo yo) en algún momento vendrá por mí. Cuando eso ocurra le tomaré la mano y le pediré que no me mate, aunque no tenga caso decir nada. Me dará risa, no lo puedo negar. No pienso que valga la pena suplicar por seguir vivo, pero debo intentarlo, soy un negociante. Pediré por mi vida. Me arrodillaré. Y antes de que me asesinen nos pondremos a rezar (mi verdugo y yo) juntos y luego terminará el juego.

Fragmento tomado de Teatro de la Gruta IX, publicado por Tierra Adentro, 2009.

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