Anónimos

Fragmento:

Me gradué como francotirador y después como un muerto viviente: me dieron un tiro, justo a la altura de la frente. Qué irónico destino, pareciera que mi abuelo regresó para recordarme que también soy carne de su carne. Quedé tendido, según recuerdo, un atardecer, una mañana, un día, hasta que me rescataron. Cuando abrí lo ojos pedí a mi nana; después contuve el llanto al sentir ese dolor inexplicable, raso y castrante de las heridas, que te invade antes de soltar las lágrimas en esos campos de olvido, en medio de la batalla.

Leer el cuento completo en Confabulario…

Ilustración de Dante de la Vega

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